miércoles

Me cogió la mano, la puso sobre su pierna y comenzó a acariciarla haciendo círculos. De vez en cuando presionaba un poco más y me hacía sentir el calor de sus manos. Metió mi mano derecha entre las suyas y por ambos lados podía sentir el cosquilleo que producían aquellos dedos suaves y calientes. Mi mano comenzaba a sudar en respuesta a tan sensuales caricias. Sólo estaban en contacto sus manos con mi mano y, sin embargo, mi cuerpo reaccionaba como si experimentara un placer sexual inusitado. Con la palma de mi mano hacia arriba comenzó a trazar las líneas ya trazadas, como corroborando que esos, y no otros, eran sus caminos en mi piel. Notó la humedad de mis dedos y me miró a los ojos, yo, sientiéndome dentro de un bálsamo de placer, respondí a su mirada con otra, y con un suspiro hondo, pausado, intentando mantener la compostura en aquella esquina del bar.
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No pudo ser.
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No será.
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Un día quise ser ocho pero tuve que ser nueve.
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No pudo ser.

viernes

Soy el número nueve porque una vez me quitaron el ocho. Tuve que buscar rápidamente un número (qué sentido tiene la vida sin un número favorito) y decidí que mi número de la suerte, del equipo, mágico y demás sería el nueve. Y eso soy, un nueve que quiso ser ocho y que a falta de ocho tuvo que sumarle uno más. El uno siempre viene bien en estos casos, es muy socorrido el uno. Más menos uno y todo solucionado.

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Por las noches no puedo dormir. Pienso continuamente si me habré equivocado. Es duro pensar eso todas las noches sin encontrar respuesta. No quiero volver a lo de antes y no sé si quiero lo de ahora. Hoy he sentido celos porque alguien que conozco recorre el camino que yo creo querer recorrer. Es complicado. Y me alegro por esa persona, aunque esta mañana no fuera así.

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No lo vas a creer. Aún te echo de menos. Pensarás que esto es una enfermedad. Lo es.